Esto de la condición humana es divertido.

Solo a veces, interesante; siempre desregulada por las emociones, desde el amor al odio, pasando por otras muchas más como la codicia.

Pero vamos a lo nuestro. Nosotros, los carniceros, un espécimen antropológico/social acomplejado.

Ganaron dinero, bastante. Ahora ya no tanto. Pero siempre tuvieron el deseo de ser reconocidos, como médicos, abogados incluso pilotos de aviación. Estos que aunque no son, ni mucho menos, adalides de la cultura en general, tienen dos cosas que añora el nuevo rico carnicero: reconocimiento social e instrucción.

Un nuevo rico sin instrucción, no hablemos de cultura, es una palabra muy grande para este post; es habitualmente osado y hortera.

Sí, osado. Sigamos y vayamos a lo nuestro.

No es que no lo entienda, aunque a veces me cuesta comprender, porque después de la reprimenda en prensa por llamarle a la vaca buey, como si el mercado estuviera narcotizado, que también lo está.

Pero vamos más a lo nuestro. Estas iniciativas del engaño, de la picaresca y el dinero fácil, ya sabemos que son los planes estratégicos del dinero rápido, de osados horteras y poco instruidos.

Más a lo nuestro.

Ahora, tenemos más circo: el de las razas.

Simmental, pirenaica, frisona y rubia gallega, entre otras.

Yo, que soy hortera, poco instruido y carnicero, voy a emplear mi osadía para expresar vehementemente al público narcotizado, la falta de rigor, rubor, seriedad, honestidad con la que vuelven a intoxicarnos, porque es mentira.

Otra vez.

¡Qué a gusto me he quedado!

Ondo lo in.

Imanol Jaka
The Basque Butcher